Psicofármacos: ¿ciencia o fraude?

Psicofármacos: ¿ciencia o fraude?

Psicofármacos: ¿ciencia o fraude?

El periodista de investigación Robert Whitaker, autor de La locura en Estados Unidos, ha llevado a cabo una investigación de cómo

los medicamentos psiquiátricos producidos por la Industria Farmacéutica están poniendo en peligro a los ciudadanos al encubrir el sufrimiento, la angustia y las enfermedades causadas por la gran cantidad de estos medicamentos antidepresivos y antipsicóticos que se prescriben.

Whitaker expone

las enormes mentiras y los encubrimientos que ha permitido corromper el proceso de revisión de los medicamentos por parte de Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), la manipulación de estudios de investigación, que dando la vuelta a los resultados han ocultado los graves peligros e incluso mortales efectos secundarios.

Se refiere a medicamentos tales como el Prozac, Zoloft, Paxil y Zyprexa.

La situación se vuelve aún más alarmante cuando nos damos cuenta de

las agresivas tácticas empleadas por la Empresas Farmacéuticas para silenciar a sus críticos y difamarles en la prensa, e incluso despedir a reconocidos científicos por haberse atrevido a señalar los peligros y los riesgos, tales como suicidio o muertes prematuras, causados por estos medicamentos.

Whitaker comienza desacreditando la eficacia de la enorme cantidad de medicamentos que se administran, antidepresivos como el Prozac, Zoloft y Paxil, y los nuevos fármacos antipsicóticos, como Zyprexa. Su investigación le ha llevado a descubrir que

a veces estos medicamentos no son más efectivos que los placebos utilizados en los trastornos mentales y las depresiones, a pesar de lo que diga la publicidad que tanto se reitera en los medios de comunicación.

Es más, hace una sorprendente afirmación: que estos nuevos fármacos psiquiátricos han contribuido directamente a una nueva epidemia de enfermedades mentales inducidas por dichos fármacos.

Los mismos fármacos prescritos por los médicos para tratar los trastornos mentales estarían induciendo de hecho cambios patológicos en la química del cerebro y podría ser la causa de suicidios, episodios maníacos y psicóticos, convulsiones, violencia, diabetes, insuficiencia pancreática, enfermedades metabólicas y muerte prematura. 

Whitaker ejerció primero como periodista sobre temas médicos y alcanzó un cierto prestigio en el Albany Times Union y también lo ha hecho en el Boston Globe. Realizó una investigación sobre las prácticas psiquiátricas perjudiciales, lo que dio lugar a una serie de artículos que aparecieron en el Boston Globe, siendo finalista para el Premio Pulitzer en 1998.

Cuando comenzó su investigación sobre temas psiquiátricos, Whitaker todavía creía en esas historias de los progresos de la Psiquiatría, que tanto se han venteado durante décadas.

Dijo: “Yo creía como el resto de la gente que estos fármacos antipsicóticos realmente mejoraban las cosas y que habían evolucionado en su forma de tratar la esquizofrenia. La gente solía ser encerrada para siempre y que ahora tal vez las cosas estaban mucho mejor, que se había progresado en el tratamiento”.

Robert Whitaker, autor de La locura en Estados Unidos.

Pero no, se trata de una falsa historia de progreso. Whitaker pronto se dio cuenta y modificó su visión al comprobar ciertas prácticas psiquiátricas como electroshock, lobotomías, coma insulínico y fármacos neurolépticos se seguían practicando.

Los psiquiatras decían a la gente que estas técnicas curaban psicosis o equilibraban la química del cerebro.

Pero en realidad, el hilo conductor de todos estos tratamientos ha sido el de acabar con las enfermedades mentales dañando de forma deliberada las funciones superiores del cerebro.

Lo cierto es que de puertas adentro, el establishment psiquiátrico ha etiquetado a estos tratamientos como “terapias que dañan el cerebro”.

La primera generación de fármacos antipsicóticos provocó una patología cerebral inducida por fármacos que bloqueaban la dopamina, un neurotransmisor y, esencialmente, la de obstaculizar muchas de las funciones cerebrales superiores.

De hecho, cuando se introdujeron los primeros antipsicóticos, tales como Thorazine y Haldol, los psiquiatras dijeron de estos fármacos neurolépticos que no se distinguían prácticamente de una “lobotomía química”.

En los últimos años, los medios de comunicación han anunciado la llegada de las llamadas drogas de diseño, como el Prozac, Paxil y Zyprexa, que se supone tienen unos rendimientos superiores y menos efectos secundarios que los antiguos antidepresivos tricíclicos y los primeros antipsicóticos.

Millones de personas se han creído estas historias y han enriquecido a las Empresas Farmacéuticas con miles de millones de dólares por la venta de estos nuevos medicamentos.

La investigación de Whitaker sobre los sufrimientos y muertes prematuras causados por estos fármacos muestra que 

millones de personas han sido engañadas por una gigantesca campaña de mentiras, distorsiones y ensayos clínicos comprados.

Los investigadores médicos que han tratado de advertirnos de los peligros de estas drogas han sido silenciados, intimidados y difamados.

La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) se ha convertido en el perrito faldero de la Industria Farmacéutica, en lugar de ser su perro guardián.

Street Spirit ha entrevistado a Robert Whitaker sobre esta nueva “epidemia” de trastornos mentales, y cómo las Empresas Farmacéuticas han sacado provecho de la venta de estas drogas que causan más daño.

Street Spirit (SS): Su nueva línea de investigación nos dice que se ha producido un gran aumento en la incidencia de las enfermedades mentales en los Estados Unidos, y eso a pesar de los aparentes avances en una nueva generación de fármacos psiquiátricos. ¿Por qué se hace referencia a este aumento como una epidemia?

Robert Whitaker (RW): El psiquiatra Fuller Torrey recientemente escribió un libro en el que ya decía que estábamos sufriendo una epidemia de enfermedades mentales. Cuando el Instituto Nacional de Salud Mental publica sus cifras sobre la incidencia de las enfermedades mentales, se observa que hay un número creciente de personas con enfermedades mentales.

Algunos informes recientes dicen que el 20% de los estadounidenses tienen algún tipo de enfermedad mental.

Así que mis pretensiones eran dobles. Quería estudiar cómo se produce este dramático aumento de las enfermedades mentales y en particular de las enfermedades mentales graves.

Parte de este aumento en el número de personas de las que se dice que tienen una enfermedad mental es sólo por definición.

Se han establecido unos límites excesivamente amplios, de modo que entran dentro de ellos todo tipo de personas en la categoría de enfermos mentales.

Si un niño no está bien sentado en la silla del aula entonces se dice que tiene un trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH), y así creamos un nuevo trastorno denominado trastorno de ansiedad social.

SS: Entonces, ¿lo que antes se consideraba simplemente como timidez o ansiedad ahora se etiqueta como un trastorno mental y supuestamente esa persona necesita un antidepresivo como Paxil para tratar su trastorno de ansiedad social?

RW: Exactamente. O necesita un estimulante como Ritalin para el TDAH.

SS: Esta consideración hace aumentar el número de clientes que acuden a las consultas del Psiquiatra, pero a la par ¿no aumenta también el número de personas a las cuales las Empresas Farmacéuticas venden sus medicamentos psiquiátricos?

RW: Por supuesto. Así que parte de lo que estamos viendo no es más que la creación de un mercado mucho mayor para la venta de estas drogas. Si pensamos en ello, entonces nos daremos cuenta de cómo se amplia el círculo, cada vez más grande al expandirse los límites de la enfermedad mental: la psiquiatría tiene más clientes y se venden más medicamentos. Así que

hay un incentivo económico para definir la enfermedad mental en términos lo más amplios posibles, de modo que comportamientos ordinarios, emociones de angustia, o comportamientos que no pueden gustar a otras personas, se etiquetan como enfermedad mental.

SS: Su investigación también muestra que se está produciendo un aumento real del número de personas con un trastorno mental grave. Aunque parezca contradictorio, ¿no cree usted que gran parte de este incremento se debe a la prescripción excesiva de los nuevos fármacos psiquiátricos?

RW: Sí, exactamente. Si miramos

la cifra de personas que están seriamente discapacitadas, los llamados enfermos mentales, personas que no trabajan o que muestran un comportamiento disfuncional debido a una enfermedad mental, está en aumento.

De modo que quería establecer el porcentaje de la población que ha sido considerada discapacitada por enfermedad mental a través de la historia.

En 1903, vemos que aproximadamente 1 de cada 500 personas en los Estados Unidos era hospitalizada por una enfermedad mental. En 1955, al comienzo de la era moderna de las drogas psiquiátricas, aproximadamente era 1 de cada 300 personas la que tenía incapacidad por enfermedad mental. En 1987, cuando termina la primera generación de fármacos antipsicóticos, y luego con los modernos medicamentos psiquiátricos, Thorazine y Haldol y los antidepresivos tricíclicos (como Elavil y Anafranil),

hemos visto aumentar el número de personas con discapacidad por enfermedad mental en cuatro veces, hasta el punto de que 1 de cada 75 personas con discapacidad se consideran enfermos mentales.

También se ha producido un cambio en la forma de tratar a los enfermos mentales entre 1955 y 1987. En 1955 se hospitalizaban. En 1987, que se produjo un notable cambio social, se ponían a estas personas en refugios, hogares de ancianos, o en algún centro de atención comunitaria, recibiendo ayudas a través de los programas de discapacidad, SSI o SSDI. En 1987 aparecieron unos medicamentos psiquiátricos supuestamente mejores, de segunda generación, como los antidepresivos inhibidores selectivos de la recaptación de la seratonina (ISRS) y Prozac. Poco después aparecen otros nuevos fármacos antipsicóticos atípicos, como Zyprexa (olanzapina), Clozaril y Risperdal.

¿Qué ha pasado desde 1987? Pues que

la tasa de discapacidad ha seguido aumentando de tal modo que llega a 1 de cada 50 estadounidenses.

Piense en lo que le digo: 1 de cada 50 estadounidenses está discapacitado en la actualidad por una enfermedad mental. Y sigue en aumento.

El número de personas con discapacidad por enfermedad mental en los Estados Unidos va aumentando a razón de 150.000 personas al año, desde 1987.

Esto representa un aumento cada día en los últimos 17 años de 410 personas con discapacidad por enfermedad mental.

SS: Llega la pregunta obvia. Si la Psiquiatría ha introducido estos milagrosos medicamentos, como Prozac, Zoloft y Zyprexa, ¿por qué la incidencia de la enfermedad mental está aumentando de manera tan dramática?

RW: Pues por la misma razón. Es una cuestión científica. Se están usando estos fármacos de una manera mucho más amplia, y se supone que tenemos mejores fármacos que se han convertido en la piedra angular de nuestra atención, por lo que deberíamos ver disminuir las tasas de discapacidad. Eso es lo que sería de esperar.

En cambio, desde 1987 hasta el presente,

hemos visto un aumento en el número de personas con discapacidad mental, pasando de los 3,3 millones de personas a los 5,7 millones en los Estados Unidos.

Al mismo tiempo, nuestro gasto en fármacos psiquiátricos ha aumentado de manera sorprendente: el gasto combinado de fármacos antipsicóticos y antidepresivos ha aumentado desde los 500 millones de dólares en 1986 a los casi 20 mil millones de gasto en 2004. Por lo tanto hay que hacerse la siguiente pregunta:

¿No será el uso de estos fármacos lo que está alimentado este incremento en el número de personas con discapacidad mental?

Cuando repasamos la literatura científica para intentar encontrar un patrón claro en los resultados de estos fármacos, los antipsicóticos, los antidepresivos, los ansiolíticos y los estimulantes como Ritalin utilizados para tratar el TDAH, se observa que apenas son más eficaces que un placebo, al menos en un período corto de tiempo, digamos de unas 6 semanas. Un antidepresivo puede mejorar los síntomas mejor que un placebo a corto plazo.

Lo que se observa con todos estos fármacos psiquiátricos es un empeoramiento de los síntomas de la depresión, de la psicosis o la ansiedad a largo plazo, en comparación con los pacientes tratados con un placebo.

Incluso en el tratamiento de ciertos síntomas, se observa mayor cronicidad y mayor gravedad en esos síntomas.

Y se observa en un número significativo de pacientes que los síntomas son más graves y están provocados por estos fármacos. 

SS: ¿Los nuevos síntomas psiquiátricos provocados por los mismos medicamentos que debieran ayudarles a recuperarse?

RW: Exactamente. El caso más evidente es de los antidepresivos. Un porcentaje de

las personas que son tratadas con un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina (ISRS) porque tienen algún tipo de depresión, se verán afectado por algún tipo de ataque maníaco o psicótico inducido por los fármacos.

Esto es algo que se sabe. Así que ahora en lugar de tratarse de una depresión, se ha pasado a una manía o síntomas psicóticos. Y una vez que se tiene un episodio maníaco inducido por fármacos, ¿qué pasa? Van a los servicios de urgencia, y se les diagnostica, y se dice que son bipolares y se les da un antipsicótico para que actúe junto al antidepresivo. Se va camino de la incapacidad crónica. 

SS: La Psiquiatría moderna afirma que estos fármacos psiquiátricos normalizan la anormal química del cerebro. ¿Hay alguna evidencia que respalde esta afirmación de que una química anormal del cerebro sea la culpable de la esquizofrenia y de la depresión?

RW: Este es un asunto clave que todos debemos entender. Es la respuesta a este misterio: por qué estos fármacos tienen un efecto negativo a largo plazo. Comencemos por la esquizofrenia. Su hipótesis es que estos fármacos funcionan mediante la corrección de un desequilibrio de la dopamina, un neurotransmisor del cerebro.

La teoría dice que en las personas esquizofrénicas hay un exceso de dopamina, y estos medicamentos bloquean la dopamina en el cerebro, resolviendo el desequilibrio químico. Por lo tanto, si recurrimos a una metáfora, sería como la insulina en el caso de la diabetes, ajustando una anormalidad. Con los antidepresivos, la teoría es que las personas con depresión tienen unos niveles muy bajos de serotonina: los medicamentos suben esos niveles de serotonina en el cerebro y por lo tanto equilibran la química del cerebro.

Nunca se han encontrado pruebas consistentes de que cualquiera de estos trastornos (esquizofrenia, depresión, etc) estén asociados con desequilibrios químicos en el cerebro.

En primer lugar hay que decir que todas estas teorías no han surgido de unas investigaciones que traten de saber qué es lo que realmente le pasa a la gente. Más bien, descubrirían que los antipsicóticos bloquean la dopamina y por lo tanto dedujeron que estas personas tenían un sistema de la dopamina muy activo. Lo mismo pasa con los antidepresivos. Vieron que los antidepresivos subían los niveles de serotonina, por lo tanto dedujeron que las personas con depresión tienen unos bajos niveles de serotonina.

Y aquí algo que todos deberíamos saber y la Psiquiatría debiera reconocer:

que nunca han sido capaces de encontrar personas con esquizofrenia que tengan un sistema de la dopamina hiperactivo; nunca han sido capaces de encontrar que las personas con depresión tengan un sistema de la serotonina escasamente activo.

Nunca se han encontrado pruebas consistentes de que cualquiera de estos trastornos estén asociados con desequilibrios químicos en el cerebro.

Eso de que las personas con trastornos mentales presentan desequilibrios químicos es una mentira. No sabemos por qué.

Esa teoría lo único que hace es ayudar a vender más fármacos y a vender un modelo biológico de los trastornos mentales.

Pero el truco es el siguiente. Lo que sí sabemos, de hecho, es que estos fármacos perturban el funcionamiento de los mensajeros químicos del cerebro: las personas diagnosticadas con trastorno mental no tienen ningún problema conocido con sus sistemas de neurotransmisores, y estos fármacos lo que hacen es perturbar el funcionamiento normal de los neurotransmisores.

SS: Entonces, en lugar de arreglar un desequilibrio químico, estos fármacos tan ampliamente prescritos distorsionan la química del cerebro y generan una nueva patología.

RW: Por supuesto. Stephen Hyman, un reconocido neurocientífico y ex Director del Instituto Nacional de Salud Mental, escribió un artículo en 1996 en el que examinaba la forma en la que los fármacos psiquiátricos afectan al cerebro. Decía que estos fármacos psiquiátricos provocan perturbaciones que afectan al cerebro, y que dichas perturbaciones afectan a las funciones de los neurotransmisores. El cerebro, en respuesta a estos fármacos, altera sus funciones normales e intenta una serie de adaptaciones que compensen las perturbaciones.

En otras palabras, trata de adaptarse por el hecho de que un fármaco antipsicótico ha bloqueado las funciones normales de dopamina. O en el caso de los antidepresivos, trata de compensar el bloqueo de la recaptación de serotonina. La adaptación trata de actuar en sentido opuesto. Si usted sufre un bloqueo de la dopamina en el cerebro, el cerebro tratará de aumentar la cantidad de dopamina y en realidad está aumentando la cantidad de receptores de dopamina. Por lo tanto, una persona que esté tomando fármacos antipsicóticos va a terminar con un número anormalmente alto de receptores de dopamina en el cerebro.

Si a la persona se la está tratando con antidepresivos para elevar los niveles de serotonina en el cerebro, éste hace exactamente lo contrario: deja de producir la cantidad normal de serotonina y reduce el número de receptores de serotonina en el cerebro. De modo que una persona tratada con antidepresivos acabará con un número anormalmente bajo de receptores de serotonina en el cerebro. Y Hyman concluye:

Después de que se produzcan estos cambios, el cerebro del paciente funciona de una manera que es cualitativa y cuantitativamente diferente de su estado normal”.

Así que lo dicho por Stephen Hyman, ex Jefe del NIMH, es que

estos fármacos inducen un estado patológico.

[Véase el documental Psicofármacos: la siniestra estafa]

SS: Por lo tanto, ¿la paradoja es que no hay evidencias para que la Psiquiatría moderna afirme que hay un desequilibrio bioquímico patológico en el cerebro que sea la causa de las enfermedades mentales, y que si usted trata con estos fármacos maravillosos lo que está creando es un desequilibrio patológico?

RW: Sí, estos fármacos alteran la química normal del cerebro. Esa es la verdadera paradoja.

Y la verdadera tragedia es que a medida que se utilizan más estos fármacos como equilibradores químicos, la verdad es que estamos haciendo justamente lo contrario. Estamos pasando de un cerebro que tenía una química anormal, a un cerebro que está sufriendo una perturbación debido a estos fármacos.

Barry Jacobs, un neurocientífico de Princeton, describe lo que le sucede a una persona a la que se le administra un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina (ISRS): “Estos medicamentos alteran el nivel de la transmisión sináptica más allá del rango fisiológico que se puede encontrar en condiciones biológicas normales. Por lo tanto, cualquier cambio de comportamiento o fisiológico producido en estas condiciones podría considerarse como algo patológico en lugar de un reflejo del papel biológico normal de la serotonina”.

SS: Uno de estos antidepresivos del tipo ISRS, que se considera un fármaco maravilloso, es el Prozac. Sin embargo, su investigación descubrió que la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) recibió más informes adversos sobre el Prozac que cualquier otro fármaco ¿Qué tipo de efectos adversos están mencionando las personas?

RW: En primer lugar, con el Prozac y el resto de fármacos ISRS que siguieron, el nivel de confianza fue muy pobre. En todos los ensayos clínicos de los antidepresivos, más o menos el 41% de los pacientes mejoró a corto plazo, frente al 31% de los pacientes tratados con un placebo. Apenas se hace referencia hoy en día a esta circunstancia. Si se utiliza un placebo activo en estos ensayos (un placebo activo provoca un cambio fisiológico sin ningún beneficio, como sequedad en la boca por ejemplo), entonces

no se observa prácticamente diferencia en los resultados entre el antidepresivo y el placebo.

SS: ¿No fueron las primeros ensayos con el fármaco Prozac tan poco prometedores que tuvieron que manipular los resultados de esos ensayos para obtener la aprobación de la FDA?

RW: Lo que ha pasado con el Prozac es una historia fascinante. Desde el principio se dieron cuenta que la eficacia de este fármaco era escasa en comparación con un placebo, y también se dieron cuenta de que presentaba algunos problemas con el suicidio. Se produjo un aumento de las conductas suicidas en comparación con el placebo. En otras palabras,

los fármacos alteraban el comportamiento de las personas y se daban respuestas suicidas en personas que no las habían tenido antes, respuestas maníacas en personas que tampoco las habían tenido con antelación, y del mismo modo períodos psicóticos que no habían aparecido hasta ahora.

Se estaban viendo efectos secundarios serios, incluso al mismo tiempo que se observaba una modesta eficacia en comparación con el placebo en la mejora de las depresiones.

Básicamente, lo que Eli Lilly (empresa fabricante del Prozac) tenía que hacer es

encubrir las psicosis y los comportamientos maníacos, y de esa manera conseguiría que este medicamento fuera aprobado.

Un revisor de la FDA advirtió que el Prozac le parecía un fármaco peligroso, pero de todos modos obtuvo la aprobación. Así que ahora es lo que estamos encontrando,

“que el Prozac puede provocar impulsos suicidas y todos esos otros fármacos ISRS pueden aumentar el riesgo de suicidio”.

No es algo nada nuevo, esos datos ya estaban allí desde los primeros ensayos. Gente en Alemania decía: “Creo que se trata de un fármaco peligroso”.

SS: O sea, ¿que ya en la década de 1980 esto se sabía?

RW: A principios de los años 1980, antes de que se aprobase el Prozac. Básicamente, lo que Eli Lilly tenía que hacer era

encubrir el riesgo de comportamientos maníacos y las psicosis, encubrir que algunas personas tenían impulsos suicidas debido a que estaban sometidas a un trastorno nervioso provocado por el Prozac. Esta es la forma en que fue aprobado el fármaco.

Había varias formas de encubrir estos hechos. Uno de ellos era simplemente el de eliminar los casos de psicosis de los datos recogidos durante los ensayos clínicos. También podían volver a recopilar algunos de los resultados de los ensayos: digamos que alguien tuvo un episodio maníaco o un episodio psicótico, o mejor, en lugar de poner eso, digamos que simplemente tuvo de nuevo períodos de depresión, y ese tipo de cosas.

Tenían necesidad de ocultar los riesgos desde el principio, y eso es lo que hicieron.

Así que el Prozac fue aprobado en 1987, y se puso en marcha una increíble campaña de relaciones públicas. Las píldoras aparecían en las portadas de todas las revistas. ¡La píldora del Año! Es mucho más segura: un medicamento maravilloso. Médicos que decían: 

El verdadero problema de este fármaco es que ahora podemos tener la personalidad que queramos. Los resultados son tan maravillosos que uno puede ser feliz siempre, sólo con tomar la pastilla!"

Fue un completo disparate. Un fármaco que apenas era algo mejor que un placebo, aliviando ligeramente los síntomas depresivos a corto plazo. Se hacía un verdadero alarde de este tipo de fármacos:

Los poderes de la Psiquiatría son tales que podemos dar a la mente lo que quiera, una personalidad diseñada”. Algo totalmente obsceno.

Pero inmediatamente después de ponerse en circulación,

se convirtió en el que mayor número de reclamaciones ha recibido en los Estados Unidos ¡El Prozac!

SS: ¿Cuál ha sido el nivel de quejas por el uso del Prozac desde que llegó al mercado?

RW: Disponemos de un sistema de información denominado Medwatch, que informa de los efectos adversos de los medicamentos psiquiátricos a la FDA. Por cierto,

la FDA trata de mantener estos informes adversos de los medicamentos ocultos a la gente.

En lugar de que estos datos sean fácilmente conocidos por la gente, para que así sepan de los peligros de ciertos medicamentos, es muy difícil conseguir estos informes.

Al cabo de una década se reunieron 39.000 informes adversos sobre el Prozac que fueron enviados a Medwatch. Pero

el número de efectos adversos que se envían a Medwatch representa sólo el 1% del número real de tales efectos adversos.

Por lo tanto, de ser 39.000 los informes adversos sobre el Prozac recibidos en Medwatch, eso quiere decir que el número de personas que han sufrido este tipo de problemas sería de 100 veces más, aproximadamente unos 4 millones de personas. Esto hace que el Prozac sea el medicamento que más quejas ha recibido en los Estados Unidos.

Se recibieron más quejas sobre el Prozac en sus dos primeros años de comercialización que los antidepresivos tricíclicos en 20 años.

Recuerde, el Prozac se empezó a comercializar por ser un fármaco seguro, ¿y sin embargo es el que más quejas ha tenido? Manías, depresiones, nerviosismo, ansiedad, agitación, hostilidad, alucinaciones, pérdida de memoria, temblores, convulsiones, impotencia, insomnio, náuseas, impulsos psicóticos suicidas… Se trata de una amplia gama de síntomas graves.

Y aquí viene lo bueno. No sólo era el Prozac. Una vez que llegaron el resto de fármacos ISRS al mercado, tales como Zoloft y Paxil, en 1994, los cuatro antidepresivos se encontraban entre los 20 primeros medicamentos que más quejas recibían en la lista Medwatch de la FDA. En otras palabras,

cada uno de estos medicamentos lanzados al mercado comenzó a desencadenar una serie de reacciones adversas. Y no eran cosas de escasa importancia: manías, alucinaciones, depresión psicótica, estos son efectos adversos graves.

Prozac se lanzó como una droga maravillosa. Aparecía en las portadas de todas las revistas como segura y como una muestra de nuestra maravillosa capacidad de moldear el cerebro a nuestro gusto. Pero en realidad, todos aquellos informes mostraban que se podía desencadenar una gran cantidad de efectos adversos, incluyendo el suicidio y la psicosis. 

La FDA debió de darse cuenta de tal cantidad de efectos adversos que estaba recibiendo y durante un período tan largo de tiempo.

Una década tardó la FDA en reaccionar y reconocer el aumento de los suicidios y la violencia que puede desencadenar en algunas personas.

Se trata de un ejemplo clásico.

Traicionaron a su responsabilidad de actuar como un organismo de control para la gente y en su lugar actuaron como una Agencia que encubría los daños y los riesgos de estos fármacos.

SS: En vista del fracaso de la FDA para advertirnos de los peligros del Prozac, ¿por qué esa inoperancia en los recientes casos de suicidios de jóvenes que fueron tratados con antidepresivos como Paxil? ¿No actuaron mucho mejor las autoridades de salud mental de Inglaterra que su contraparte estadounidense al advertir de los impulsos suicidas cuando se administran antidepresivos a los jóvenes?

RW: Sí, se trata de una histórica trágica. Se trata también de un historia sórdida. Veamos qué pasó con estos jóvenes y los antidepresivos. El Prozac llega al mercado en 1987. A comienzos de 1990 las Empresas Farmacéuticas que fabricaban estos fármacos se preguntaron: ¿Cómo podemos ampliar el mercado de los antidepresivos? Porque

esto es precisamente lo que quieren hacen las Empresas Farmacéuticas, llegar al mayor número de personas. Vieron que tenían un mercado sin explotar en los jóvenes. Así que empezó el tráfico de fármacos entre los adolescentes. Y tuvieron éxito.

Desde 1990, el uso de antidepresivos entre los adolescentes subió algo así como 7 veces. Su prescripción se inició de cualquier manera.

Ahora bien,

los ensayos en los jóvenes con los antidepresivos demostraron no ser más eficientes que un placebo.

Esto lo pudieron comprobar una y otra vez en los ensayos clínicos que se realizaron. Por lo tanto, esto habla de que

no hay una verdadera razón terapéutica para emplearlos en los adolescentes, ya que estos fármacos ni siquiera frenan los síntomas a corto plazo mejor que el placebo, y sin embargo están causando muchos efectos adversos. 

Por ejemplo, en un ensayo clínico, el 75% de los jóvenes tratados con antidepresivos sufrieron un efecto adverso de uno u otro tipo. En un estudio realizado por la Universidad de Pittsburgh, el 23% de los jóvenes tratados con un fármaco ISRS (inhibidor selectivo de la recaptación de seratonina) desarrolló manías o síntomas maníacos; un 19% adicional desarrolló hostilidad inducida por los fármacos.

Los resultados clínicos decían claramente que no se obtenía ningún beneficio en el tratamiento de la depresión, y que sin embargo podía causar todo tipo de problemas a los jóvenes (manías, hostilidad, psicosis e incluso tendencias al suicidio).

En otras palabras, no habría que utilizar estos fármacos. Queda claramente explicado más arriba.

SS: ¿Y cómo se logró ocultar todo esto?

RW: Ha habido psiquiatras, algunos de ellos, obviamente, pagados por las Empresas Farmacéuticas, que han dicho que los jóvenes estaban insuficientemente tratados, con riesgo de suicidio y que sería una tragedia el no poder utilizar estos antidepresivos.

Un investigador inglés, David Healy, comenzó a hacer sus propias investigaciones sobre la capacidad de estos fármacos para inducir el suicidio. También se las arregló para tener acceso a los resultados de los ensayos clínicos y presentó una denuncia. Era la primera vez que se presentaba una denuncia de este tipo en Inglaterra y mostró los datos ante las autoridades para su revisión. Y

vieron que estos fármacos parecían aumentar el riesgo de suicidio y que en realidad no aportaban ningún beneficio en los síntomas de depresión.

Así comenzó a informarse a los médicos ingleses de que no prescribiesen estos fármacos a los jóvenes.

¿Qué ocurre en los Estados Unidos? Bueno la FDA sólo reaccionó después de ejercer mucha presión y de que se celebrase una audiencia. La FDA minimiza los riesgos de estos fármacos. Son lentos en actuar, incluso para colocar una advertencia en los envases. ¿Por qué? ¿No merece la pena proteger la vida de los jóvenes?

Si sabemos que hay un riesgo científicamente demostrado, que estos fármacos aumentan el riesgo de suicidio, ¿no se debería por lo menos realizar una advertencia?

Pero incluso la FDA se mantiene en su postura en contra de la colocación de una advertencia en estos medicamentos.

SS: Si el Prozac es el medicamento que más quejas ha tenido; si Paxil ha demostrado que fomenta el suicidio entre los jóvenes, ¿cómo es que estos antidepresivos continúan teniendo una reputación como una cura casi mágica contra la depresión? ¿Y por qué la FDA no ha avisado sobre Paxil y Prozac durante tanto tiempo?

RW: Hay un par de razones para ello. La financiación de la FDA se modificó en 1990. Se aprobó una ley por la cual muchos de sus fondos procedían de la Industria Farmacéutica: la Ley de PDUFA, o Ley de tarifas para usuarios de medicamentos con receta. Básicamente, cuando las Empresas Farmacéuticas solicitaban la aprobación de un medicamento por parte de la FDA tenían que pagar una cuota. Pues bien, esta tasa es la que financiaba la revisión de las solicitudes de nuevos fármacos por parte de la FDA.

De repente,

la financiación [de la FDA] proviene de la Industria Farmacéutica, ya no procede de las personas.

Dado que dicha ley de lo que trata es de renovar,

los grupos de presión le están diciendo a la FDA que su trabajo ya no es el de realizar un análisis crítico de los medicamentos, sino el de aprobarlos con rapidez.

Ese era básicamente el trabajo de Newt Gingrich: conseguir que los medicamentos se comercializasen.

La FDA se ha asociado con la Industria Farmacéutica y facilita el desarrollo de fármacos; ya nos hemos olvidado de que su función era básicamente de vigilancia.

Además,

muchas personas que trabajaban en la FDA la dejaron para terminar en las Empresas Farmacéuticas. La broma consiste en que la FDA se ha convertido en una especie de escaparate de un trabajo futuro en las Empresas Farmacéuticas.

Uno va allí, trabaja un rato, y luego se va a servir en esta Industria de los fármacos. Así es como progresa la gente, manteniendo buenas conexiones, y no vamos a ser tan duros con las Farmacéuticas. Eso fue lo que sucedió en la década de 1990. La FDA recibió nuevas órdenes que cumplir: “Facilitar la comercialización de nuevos fármacos, no ser demasiado críticos, y si usted quiere obtener unos ingresos complementarios se puede ir a trabajar a la Industria del Fármaco. Asegúrese de aprender estas lecciones…”.

SS: Entonces, ¿las grandes Empresas Farmacéuticas tienen un enorme poder para acomodar los resultados de sus ensayos clínicos y hacer que los investigadores, e incluso la propia FDA, se sometan a su voluntad?

RW: Esencialmente,

la FDA se arrodilló [ante la Industria] a principios de 1990, algo que se ha podido comprobar con los medicamentos psiquiátricos. La FDA se convirtió en un perro faldero para la Industria Farmacéutica, no en su perro guardián.

Esto ya se ha convertido en un hecho de conocimiento público. Marcia Angell, ex Directora de la revista New England Journal of Medicine, escribió un libro en el que dice que la FDA, efectivamente, se convirtió en ese perro faldero. Y se reconoce por parte de todos su decadencia y declive.

Marcia Angell, que dirigió la revista de mayor prestigio que tenemos, fue una persona que estuvo en el corazón mismo de la medicina estadounidense, y llegó a la conclusión de que la FDA estaba defraudando a la gente.

Perdió su trabajo en la revista médica y empezó su crítica contra las Empresas Farmacéuticas.

[Véase La increíble historia de Marcia Angell, de Alejandro Olivé. Seminarios de la Fundación Española de Reumatología]

Ella era la editora de la revista a finales de 1990 cuando un médico llamado

Thomas Bodenheimer publicó un artículo que venía a decir que ni siquiera se podía confiar en lo que se publicaba en las revistas médicas, debido a que los resultados estaban amañados.

Así que

se hizo una investigación de cómo las Empresas Farmacéuticas financian las investigaciones y amoldan los resultados en su propio interés, por lo que ya no se puede confiar en lo que se lee en las revistas científicas.

Dicen que

cuando trataron de encontrar a un experto para que revisase la literatura científica relacionada con los antidepresivos, no pudieron encontrar a nadie que no hubiese recibido dinero de las Empresas Farmacéuticas.

Ahora, la revista New England Journal of Medicine es una publicación de la Sociedad Médica de Massachusetts, que publica otras muchas revistas, y obtiene buena parte de sus ingresos de la publicidad farmacéutica. Entonces,

¿qué sucedió después de que se publicase el artículo por parte de Thomas Bodenheimer y un editorial de Marcia Angell sobre el lamentable estado de la medicina debido a todo esto? ¡Que ambos perdieron sus puestos de trabajo!

Piense en esta circunstancia: 

una revista médica que despide a sus empleados porque se atreven a criticar a una Ciencia deshonesta y unos procesos deshonestos que están envenenando la literatura científica.

Así que

tenemos a la FDA que actúa como un perrito faldero. No se puede confiar ya en la literatura científica.

Todo esto muestra la falta de información al público y que no se conozcan los problemas con estos fármacos y por qué se han mantenido ocultos durante tanto tiempo.

Todo tiene que ver con el dinero, el prestigio y las redes clientelares.

SS: También tiene que ver con el silenciamiento de los críticos. Eli Lilly utiliza los medios de comunicación para hacer propaganda de los beneficios del Prozac y da prebendas a los médicos para que asistan a conferencias donde se escucha esta misma propaganda, y huntando a investigadores. ¿Pero no utilizan también su poder y su dinero para silenciar a sus críticos?

RW: Un ejemplo es el caso del Dr. Joseph Glenmullen, un psiquiatra que también trabajaba en la Unidad de Servicios de Salud de la Universidad de Harvard, y que escribió un libro titulado Prozac Backlash (La resaca del Prozac) para advertir sobre los peligros del Prozac. Descubrió que se están prescribiendo un exceso de medicamentos, con efectos secundarios graves. Incluso se plantea preguntas acerca de los problemas de memoria a largo plazo por la toma de medicamentos y disfunciones cognitivas.

Eli Lilly montó posteriormente una campaña de relaciones públicas para desacreditarlo.

Se enviaron avisos a los medios de comunicación cuestionando su relación con la Escuela de Medicina de Harvard, etc. Se trata de silenciar a los críticos.

Si usted canta la melodía que las Empresas Farmacéuticas quieren, le pagaran mucho dinero para hacer viajes y presentaciones sobre las maravillas de sus fármacos, cenas con langosta y cuantiosos honorarios para asistir a estas reuniones tan educativas.

Así que si uno quiere formar parte de esta cuadrilla, puede hacerlo: cantar maravillas del fármaco, no hablar de los graves efectos secundarios, y puede obtener un bonito sueldo como invitado o como experto.

Pero si usted dice cosas como: "¿Qué pasa con los comportamientos maníacos? ¿Qué pasa con las psicosis?”, entonces le intentarán silenciar. Mira lo que le pasó a David Healy. Healy es uno de los mejores ejemplos.

David Healy tenía una excelente reputación en Inglaterra. Ha escrito varios libros sobre la historia de la Psicofarmacología. Fue Secretario de la Asociación de Psicofarmacología.

Iba a asumir el cargo de director del Departamento de Psiquiatría en la Universidad de Toronto, pero mientras espera para ejercer dicho cargo dio una charla en Toronto sobre el elevado riesgo de suicidio por el Prozac y algunos otros ISRS.

Cuando volvió a casa se enteró de que la oferta de empleo había sido anulada.

¿Eli Lilly entrega fondos a la Universidad de Toronto? Pues claro. Por lo tanto, hay que responder a su pregunta con un sí, Eli Lilly silencia también a los disidentes.

SS: ¿Cuál es la historia oculta entre Eli Lilly y los sobrevivientes que demandaron a la Compañía después de que Joseph Wesbecker disparase contra 20 compañeros de trabajo después de estar bajo tratamiento con el Prozac?

RW: Durante este juicio en el que se había demandado a Eli Lilly, el juez iba en principio a permitir la presentación de algunas pruebas perjudiciales para los intereses de Eli Lilly. El juez dijo: “Adelante, pueden presentar las pruebas en este juicio”. Pero lo siguiente que sé es que de repente los demandantes ya no querían presentar dichas pruebas, por lo que el juez se pregunta por qué no las quieren presentar. Se huele que hay algo raro detrás de todo esto: sospecha que Eli Lilly ha llegado a un acuerdo secreto con los demandante y que según ese acuerdo los demandantes van a continuar ya con una farsa de juicio para que Eli Lilly gane el juicio. De ese modo Eli Lilly podría proclamar: “Vean, nuestro fármaco no hace que la gente sea más violenta”.

Y eso fue lo que pasó. Eli Lilly presentía que iba a perder el juicio. Así que hablaron con los demandantes y les ofrecieron una buena cantidad de dinero. Estuvieron de acuerdo en seguir adelante con el juicio y llegar a una sentencia que sería favorable a la Empresa Farmacéutica, de esa manera Eli Lilly podía proclamar a los cuatro vientos que habían ganado el juicio y que el Prozac no causa ningún tipo de daño.

La documentación “desapareció” durante un litigio en 1994, en el que víctimas de una matanza en Estados Unidos demandaron a Lilly por considerar que su medicamento pudo tener relación con el comportamiento del asesino. En 1989, Joseph Wesbecker disparó indiscriminadamente en una empresa y mató a ocho personas e hirió a otras 12. Después, se suicidó. El hombre padecía desde hacía años depresión y un mes antes había empezado a tomar fluoxetina. Lilly ganó el juicio, pero en 1997 tuvo que admitir que llegó a un acuerdo secreto con los demandantes.

SS: ¿Cómo es que todo esto ha podido salir a la luz del día?

RW: Nunca hubiéramos sabido a no ser por dos cosas. Una, lo crea o no, el propio juez apeló la decisión tomada en su propio tribunal. Dijo: “Esto me huele a rata”. Se dio cuenta de que existía un acuerdo secreto y que lo que después siguió fue un procedimiento fingido. Dijo que era una de las mayores violaciones que había visto nunca del procedimiento legal. Y en segundo lugar, un periodista inglés llamado John Cornwell escribió un libro llamado “El poder de hacer daño: Mente, Medicina y Asesinato en el Banquillo”. Escribió acerca de este caso, y sin embargo casi no se conoce en los Estados Unidos este acuerdo secreto y la perversión de todo el procedimiento legal. Tuvo que ser un periodista inglés el que destapase todo este asunto.

Mi punto de vista es el siguiente:

se silencia a personas como Marcia Angell; se pervierte el proceso científico; se pervierten los procesos legales; se pervierte el proceso de revisión de los medicamentos por parte de la FDA. Y así es como nosotros, como sociedad, acabamos creyendo en estos fármacos psiquiátricos.

La pregunta se mantiene en el aire: ¿Por qué todavía seguimos creyendo en el Prozac? Y lo cierto es que todavía, en efecto, el Prozac se mantiene. Es mantenido públicamente porque se silencia de todas las maneras posibles, como hemos explicado en las líneas anteriores.

Otra cosa que hay que recordar es que

algunas personas al ser tratadas con el Prozac se sienten mejor. Es verdad, pero de la misma manera algunas personas tratadas con un placebo también se sienten mejor.

Es una historia que se repite: “Oh, tomé Prozac y me siento mejor”. Es ese grupo que se siente mejor lo que corre entre la gente y se hace público. Así que continuamos creyendo que estos fármacos milagrosos son muy seguros, a pesar de toda la suciedad que sigue tapándose.

SS: Ahora vamos a pasar de los antidepresivos como el Prozac a considerar otro nuevo grupo de supuestos fármacos milagrosos: los nuevos fármacos antipsicóticos. Usted escribe que el uso a largo plazo de los fármacos antipsicóticos, tanto los clásicos fármacos neurolépticos como Thorazine y Haldol y los atípicos más modernos, como Zyprexa y Risperdal, provocan cambios patológicos en el cerebro que pueden conducir a un empeoramiento de los síntomas de la enfermedad mental. ¿Qué cambios en la química del cerebro provocan los antipsicóticos y cómo conducen a esa perspectiva tan aterradora que describe, una enfermedad mental crónica originada por estos fármacos?

RW: Esta es una línea de investigación que recorre unos 40 años. Este problema de las enfermedades crónicas aparece una y otra vez en la literatura de investigación. Se trata de un mecanismo biológico que ahora es bien conocido. Los antipsicóticos bloquean los receptores de dopamina. Bloquean en torno del 70 al 90% de los receptores de dopamina del cerebro. A cambio, el cerebro aumenta de manera adicional los receptores de dopamina en alrededor del 50%. Se trata de un considerable cambio.

Así que,

se crea un desequilibrio en el sistema de la dopamina en el cerebro.

Es algo así como tener apretado el acelerador, es decir los receptores adicionales de dopamina, pero por otro lado el fármaco trata de frenar este proceso. Pero si se suelta el freno tendremos una sistema de la dopamina hiperactiva: hay demasiados receptores de dopamina. ¿Y qué es lo que sucede?

Las personas que dejan el fármaco, tienden a tener recaídas severas.

SS: ¿Así que las personas que han sido tratadas con fármacos antipsicóticos tienen una mayor tendencia a las recaídas, y tienen nuevos episodios de enfermedad mental, en contraposición a las personas que han tenido otros tipos de terapias no farmacológicas?

RW: Eso es. Y esto es algo que ya se sabe desde 1979, que estos medicamentos aumentan la vulnerabilidad biológica subyacente en la psicosis. En cuanto a la alteración del sistema de la dopamina, se pueden causar algunos síntomas de psicosis con el uso de las anfetaminas. Por lo tanto, si alguien abusa de este fármaco tiene un mayor riesgo de psicosis. Es algo conocido. ¿Qué hacen las anfetaminas? Se trata también de una razón biológica:

si altera el sistema de la dopamina se aumenta el riesgo de psicosis. Eso es en esencia lo que hacen estos fármacos antipsicóticos, arruinar el sistema de la dopamina.

Sólo conozco un estudio importante sobre el alcance de estos fármacos: los investigadores de la Universidad de Pittsburgh, en la década de 1990, que examinaron a las personas recién diagnosticadas con esquizofrenia y tomaron imágenes por resonancia magnética de los cerebros de estas personas. Así obtuvieron una imagen de su cerebro en el momento del diagnóstico, y luego hicieron lo mismo 18 meses después para observar los cambios en su cerebro. Durante estos 18 meses recibieron un tratamiento con fármacos antipsicóticos, ¿y qué observaron los investigadores? Pues bien, durante ese período de 18 meses

los fármacos provocaron un agrandamiento de los ganglios basales, un área del cerebro que utiliza la dopamina. 

En otras palabras,

se produce un cambio visible en la morfología y en el tamaño del cerebro, que ahora es anormal. Eso es lo primero: un fármaco antipsicótico que provoca una anormalidad en el cerebro.

Pero ahora viene lo bueno. Encontraron que a medida que se producía ese agrandamiento también se producía un empeoramiento de los síntomas psicóticos. Gracias a la tecnología moderna se puso realizar este interesante estudio.

Mediante imágenes del cerebro se pudo ver cómo un agente externo altera la química del cerebro provocando un agrandamiento anormal de los ganglios basales, y que este crecimiento provocaba un empeoramiento de los mismos síntomas que se supone debiera tratar.

O sea, un agente externo que provoca una anormalidad, provoca síntomas…

SS: Pero en este caso, el agente externo que desencadena el proceso de la enfermedad se supone que debiera curar la enfermedad. La droga psiquiátrica es el agente causante de la enfermedad.

RW: Así es. Es un hallazgo sorprendente, irrefutable. Es el tipo de cosas que debiera de hacernos decir: “Debemos actuar de otra manera”. ¿Sabe usted para qué recibieron posteriormente financiación los investigadores?

SS: ¡No sé! Me imagino que consiguieron financiación para llevar a cabo estos mismos estudios con otra clase de fármacos psiquiátricos.

RW: No, recibieron una subvención para desarrollar un implante, un implante en el cerebro que pudiese suministrar fármacos como haloperidol de forma continua ¡Una beca para desarrollar un implante en el cerebro de las personas con esquizofrenia que administre fármacos y entonces ni siquiera tendrían la oportunidad de no tomar esos fármacos!

SS: Increíble, diseñar un implante para proporcionar una dosis constante de una droga de la que acaban de descubrir que causa una patología en la química del cerebro.

RW: Cierto, y eso que acababan de descubrir que estaba causando un empeoramiento de los síntomas. Entonces, cabe preguntarse: ¿por qué diseñar un implante permanente? Porque ahí está el negocio, y nadie quería hacer frente a este terrible hallazgo, un agrandamiento de los ganglios basales provocados por los fármacos y que está asociado con un empeoramiento de los síntomas. Nadie quiere aceptar el hecho de que cuando una persona es tratada con medicamentos antipsicóticos se observa un encogimientos de los lóbulos frontales. Nadie quiere hablar de eso. Abandonaron esta investigación.

SS: ¿Qué otros efectos secundarios están causados por el uso prolongado de estos fármacos antipsicóticos?

RW: Por ejemplo, discinesia tardía, una disfunción cerebral permanente; y acatisia, que se trata de una agitación nerviosa incontrolable. La persona que la sufre nunca se encuentra a gusto en ninguna posición. No se puede sentar. Es como no aguantar estar en su propia piel. Y también se han asociado con violencia, suicidios y otras terribles circunstancias.

SS: Este tipo de efectos secundarios ya eran conocidos con la primera generación de fármacos antipsicóticos, tales como Thorazine, Haldol y Estelazina. Pero, del mismo modo que el Prozac, muchas personas siguen creyendo en la nueva generación de antipsicóticos atípicos, como Zyprexa, Risperdal y Clozaril, como medicamentos milagrosos que controlan la enfermedad mental con muchos menos efectos secundarios. ¿Es eso cierto? ¿Qué es lo que ha encontrado?

RW: No, eso es algo completamente absurdo. Por el contrario,

creo que los nuevos fármacos serán vistos como más peligrosos que los antiguos medicamentos, si es que eso es posible.

Como saben, los neurolépticos estándar como Thorazine y Haldol han tenido toda una letanía de daños, como discinesia tardía. Así que cuando han llegado los nuevos fármacos atípicos, que se promocionan como más seguros, también se ha observado que provocan todo tipo de disfunciones metabólicas.

Hablemos de Zyprexa, que tiene un perfil diferente, y es más difícil que provoque una discinesia tardía, ni provoque tantos síntomas parkinsonianos. Pero

puede causar nuevos síntomas: tales como diabetes, trastornos pancreáticos, obesidad y desregulación en el apetito.

Los investigadores informaron que en Irlanda en el año 2003,

desde la comercialización de los antipsicóticos atípicos, la tasa de mortalidad entre las personas con esquizofrenia se ha duplicado.

Han comparado las tasas de mortalidad de las personas tratadas con neurolépticos estándar y las tasas de mortalidad de los pacientes tratados con antipsicóticos atípicos, y esa tasa se duplica, nada de que se redujo el daño. De hecho, en su estudio durante un período de 7 años, 25 de los 72 pacientes murieron.

SS: ¿Cuáles fueron la causas de su muerte?

RW: Todo tipo de enfermedades físicas, y eso sólo es la punta del iceberg.

Se está informando de problemas respiratorios, personas con unos niveles de colesterol increíblemente altos, problemas cardíacos, diabetes.

Con la olanzapina (Zyprexa), uno de los problemas es que arruina el sistema metabólico principal. Por eso se producen enormes aumentos de peso, y aparece la diabetes. Zyprexa altera el proceso de absorción de los nutrientes de los alimentos. Todas estas alteraciones acaban provocando problemas en el páncreas, una mala regulación de la glucosa, diabetes, etc. Eso quiere decir que estás interfiriendo en un elemento fundamental de la vida.

SS: ¿No se está produciendo también un aumento alarmante de diagnósticos de enfermedades mentales en niños, millones de personas con depresión, trastorno bipolar y síntomas psicóticos, trastorno de hiperactividad con déficit de atención y trastornos de ansiedad social? ¿Este aumento de la prevalencia de las enfermedades mentales en niños es un aumento real o se trata de una campaña de marketing para vender más fármacos psiquiátricos, más ganancias para las Corporaciones Farmacéuticas?

RW: Usted está ahora tocando ahora un asunto que es un escándalo de enormes dimensiones. Esto es algo que a veces digo en las clases de la Universidad, en las clases de Psicología.

Es algo que no podemos consentir, que haya tantos niños diagnosticados con enfermedades mentales, que hay en ellos que no va bien. Esto es algo que está fuera de toda regla.

Es cruel decir que tantos niños tienen disfunciones cerebrales y que sufren enfermedades mentales.

Están sucediendo dos cosas. Una de ellas es un disparate total. Si usted recuerda cuando era niño, se verá con una tremenda energía y teníamos comportamientos que a veces no eran del todo adecuados, y se producen también cambios emocionales extremos, sobre todo durante la adolescencia.

Tanto los niños como los adolescentes pueden sufrir esos cambios emocionales. Así que los Psiquiatras han empezado a considerar esos comportamientos infantiles como comportamientos patológicos.

Comienzan a definir las emociones extremas como patológicas. Así que lo que estamos viendo en la infancia es una patologización por una ampliación de las definiciones. Es como atribuir un carácter patológico a la pobreza.

Si eres un niño adoptado, por esas loterías de la vida de que naces en una familia disfuncional, y te ponen al cuidado de otra familia, ¿sabe usted lo que pasa? Pues que es más probable que ese niño sea diagnosticado con un trastorno mental, y se le vaya a administrar un fármaco psiquiátrico.

En Massachusetts,

del 60 al 70% de los niños que se encuentran en hogares en régimen de adopción están ahora medicados con estos fármacos.

Estos niños no son enfermos mentales, han tenido un trato injusto en la vida.

Terminaron siendo adoptados, lo que significa que tenían una mala situación familiar, ¿y qué hace nuestra sociedad? Pues dice: “Tienen una disfunción cerebral”.

No es que la sociedad sea mala, sino que no recibieron un trato adecuado.

No, el niño no tiene una disfunción cerebral y no debiera ser tratado con estos fármacos.

Se trata de un comportamiento criminal.

Hablemos ahora del trastorno bipolar entre los niños. Como dijo un médico: es algo tan raro que parece no existir. Sin embargo, ahora lo estamos viendo por todas partes. El trastorno bipolar parece algo omnipresente entre los niños. Bueno, en realidad, es una etiqueta que se les está poniendo a los niños con mayor frecuencia, aunque sí que hay algo que está pasando: se les administra un antidepresivo, o un estimulante como Ritalin; los estimulantes pueden causar manías, y también psicosis.

SS: Y los antidepresivos también pueden causar manía, como usted ha dicho.

RW: Exactamente, por lo que

el niño termina con un episodio maníaco o psicótico inducido por los fármacos.

Así que si ese niño acude a los servicios de urgencia, el médico no va a decir: “Esté niño está sufriendo un episodio inducido por medicamentos”. No, dirá que es bipolar.

SS: Entonces le dan un medicamento nuevo para el trastorno mental causado por el primer fármaco.

RW: Sí,

le dan un fármaco antipsicótico, y ahora recibe un cóctel de medicamentos y está camino de convertirse en un discapacitado de por vida.

Esa es la forma en la que estamos convirtiendo en enfermos a los niños.

SS: Es como si la sociedad y la Escuela tratase de hacerlos más manejables y terminasen poniéndolos en una montaña rusa química en contra de su voluntad.

RW: Así es.

SS: Hay un sorprendente número de niños a los que se les administra Ritalin como cura contra la hiperactividad. ¿Pero qué niño de 10 años de edad confinado en un entorno escolar no es hiperactivo? Usted escribe que el efecto de Ritalin en el sistema dopaminérgico es muy similar a la cocaína y las anfetaminas.

RW: Ritalin es metilfenidato.

El metilfenidato afecta al cerebro de la misma manera que lo hace la cocaína.

Ambos bloquean una molécula que participa en la recaptación de la dopamina.  

SS: ¿Así que ambos aumentan los niveles de dopamina en el cerebro?

RW: Exactamente. Y lo hacen además en un grado similar de actividad.

El metilfenidato es muy similar a la cocaína. La diferencia se encuentra en la forma de administración, si es esnifado o si se toma como una píldora.

Eso cambia la rapidez con que se metaboliza. Pero aún así, afectan al cerebro de la misma manera. Se utilizó el metilfenidato en un estudio de investigación para provocar deliberadamente psicosis en los esquizofrénicos, porque sabían que se podía causar psicosis dándoles metilfenidato. También se sabe que las anfetaminas, tales como el metilfenidato, pueden causar psicosis en personas que nunca habían tenido con anterioridad estados psicóticos.

Hay que reflexionar sobre esto: estamos dando un medicamento a los niños que se sabe tiene la posibilidad de provocar psicosis.

Lo curioso del metilfenidato y las anfetaminas es que, en los niños, tienen un efecto contrario al deseado. ¿Qué ocurre en los adultos? Que los convierte en más nerviosos e hiperactivos. Por las razones que sean, en los niños las anfetaminas les mantiene en su silla y pueden mantener mejor la atención. Así que

los niños que se aburren en la Escuela, que no prestan atención, se les diagnostica con TDAH y reciben un medicamento que puede conllevar hacia una psicosis.

Pero la cosa cambia cuando alcanzan los 15, 16, 17 años de edad. Algunos de estos niños han hablado sobre la forma en que actúan estos fármacos a largo plazo: empiezan a sentirse como zombis, no se sienten como si fueran ellos mismos. 

SS: Tienen las emociones embotadas. Y esto se está haciendo con millones de niños.

RW: ¡Millones de niños! Piense en lo que estamos haciendo.

Estamos robando a los niños el derecho a ser niños, el derecho a crecer, el derecho a disfrutar de una completa gama de emociones, y su derecho a experimentar el mundo en toda su tonalidad de colores. ¡Eso es lo que hace crecer a los niños, eso es estar vivo! Y estamos robando a los niños su derecho a ser.

Y estamos hablando de millones de niños que están siendo afectados negativamente.

Hay algunas Universidades donde del 40 al 50% de los estudiantes llegan con prescripción psiquiátrica. 

SS: Parece un enorme mecanismo de control social. La sociedad da a los niños Ritalin y antidepresivos para someterlos y que se adecuen a sus pautas. Se trata de un control social y de conformidad. Pero ambos tienen una enorme rentabilidad de marketing.

RW: Tiene razón:

se crean clientes de estos fármacos, y se espera que lo sean para toda la vida. Eso es lo que se les dice, que van a depender de estos fármacos durante toda su vida. Y lo siguiente que sé, es que se les administra dos, tres o cuatro medicamentos.

Es algo brillante desde el punto de vista del Capitalismo. Y sirve como medio de control social. Es algo brillante.

Ahora gastamos más en antidepresivos en este país que el Producto Nacional Bruto de países de tamaño medio como Jordania. Son enormes cantidades de dinero.

La cantidad de dinero que gastamos en fármacos psiquiátricos en este país es más que el PIB de dos tercios de los países del mundo.

Se trata de ese paradigma de los desequilibrios químicos del cerebro que se pueden solucionar con estos fármacos. Es un paradigma que funciona muy bien desde el punto de vista capitalista de Eli Lilly. Cuando el Prozac llegó al mercado, el valor de Eli Lilly en Wall Street era de unos 2 mil millones de dólares. En el año 2000, la época en la que Prozac ocupaba el nº1 entre los fármacos, su valor alcanzó los 80 mil millones de dólares, un aumento de 40 veces.

Esto es lo que hay que tener en cuenta si queremos entender por qué las Empresas Farmacéuticas han perseguido con determinación esta visión. Les proporciona miles de millones de dólares en ingresos, y un aumento en el precio de las acciones a propietarios y accionistas. También se beneficia la élite psiquiátrica que se pone en el camino de prescribir estos fármacos… Es mucho dinero el que fluye en una dirección… los anuncios en los medios de comunicación. Es una bonita forma de hacer dinero.

Por desgracia,

el coste es la falta de credibilidad en nuestra literatura científica, la corrupción en la FDA, y el daño causado a los niños de este país por el sistema existente, y un aumento de 150.000 personas con discapacidad cada año durante los últimos 17 años. Se trata de un récord increíble.

SS: Todo el mundo se hace rico: las Empresas Farmacéuticas, los psiquiatras, los investigadores, las agencias de publicidad, mientras que los pacientes son sometidos a los fármacos y dañados de por vida.

RW: ¿Y sabe qué es lo más interesante? Que nadie dice que la salud mental de los estadounidenses esté mejorando. En su lugar,

todo el mundo dice que tenemos cada vez un problema mayor. Se echa la culpa a las tensiones de la vida moderna o algo por el estilo, y no queremos fijarnos en el hecho de estamos creando las enfermedades mentales.

AUTOR: Robert Whitaker, entrevistado por Terry Messman.  FUENTE: http://www.thestreetspirit.org/psychiatric-drugs-an-assault-on-the-human... TRADUCCIÓN: https://noticiasdeabajo.wordpress.com/